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Viajes

Perdida en Londres

Así es, tal como leen me perdí en Londres, ¡y fue genia! Es una de mis anécdotas favoritas al momento de recordar el viaje y no puedo no escribir sobre las aventuras de ese día. Todo pasó así:

El día jueves 5 de octubre teníamos planificado ir al bunker de Winston Churchill, una de las figuras históricas que más admiro y cuyo museo no podía perderme por ningún motivo. Partimos temprano para poder recorrerlo con tranquilidad hasta el mediodía, ya que tiene muchos espacios que ver, además de la otra sala enorme que contiene la exhibición que concentra la figura de Churchill en sí.

Luego de eso, mi amiga P. se juntaría a almorzar con un amigo que ella tiene allá. De hecho ella se fue un poco antes y yo me quedé en el museo terminando el recorrido. La idea de todo esto era que ella pasara la tarde con su amigo mientras yo visitaba la Torre de Londres, porque en su viaje anterior a la ciudad ella ya lo había recorrido, entonces era absurdo no ver a su amigo por ir a este sitio otra vez.


Cuando salí del museo de Churchill cerca de las 13 hrs me acerqué a la Abadía de Westminster, ya que el día anterior habíamos caminado por el sector, pero no pasamos tan cerca de ahí. Saqué algunas fotos y me devolví al metro para llegar a la Torre.

Comí algo antes de hacer el recorrido por La Torre de Londres y luego de una tarde muy entretenida caminando por cada uno de los rincones de este lugar, hablé con P. para saber dónde estaba. Ella ya se había separado de su amigo y ahora estaba con otra amiga dando vueltas cerca de Euston Station. Yo le dije que prefería seguir dando caminando por ahí y que hablábamos más tarde. Debo decir que en Londres hay varios puntos de Wifi gratuitos, por lo que no era problema estar conectadas cada cierto rato. Y recién eran las 18 hrs.

Yo, que tenía muchas ganas de caminar, pensé que la mejor idea era ir desde La Torre hasta la tienda Forbidden Planet, ya que quería…no, más bien necesitaba comprarme con urgencia la polera de Rey para ir al estreno de The Last Jedi en diciembre. Revisé el mapa y según eso me demoraba 40 minutos caminando. Muy poco tiempo.

En el camino compré un sandwhich, un smoothie y unas frutitas en Tesco para comer mientras caminaba hacia la tienda. Mientras recorría, me encantó ver cómo la gente se juntaba en los pubs a hacer vida social, disfrutando de unas cervezas y conversando sin problemas. Claro, la jornada laboral termina más temprano y da pie para que la gente tenga vida, disfrute y de igual forma pueda acostarse a una hora decente y descansar para trabajar al otro día.

Iba muy bien, tenía como referencia St Paul’s Cathedral y que debía seguir caminando casi derecho hasta poder llegar al sector de Forbidden Planet, que queda muy cerca de Covent Garden…hasta que comencé a ver menos tiendas y el sector se notaba mucho más residencial. Claro, en una esquina me desvié de la ruta, ¡y caminé alejándome mucho de mi destino final! Cabe mencionar que en todo el viaje me costó mucho ubicarme en cada ciudad, ya que las calles tienen cualquier sentido, nada que ver al plano damero que tenemos en Santiago.

A todo esto, me quedaba poquísima batería. Como nunca la tecnología no me acompañó en todo el viaje. Primero, el cable USB del teléfono se murió y luego el enchufe universal también, por lo que tuve que reponerlos. Y siendo olvidadiza, ese día salí sin ninguno de esos artefactos. Por eso, cuando vi que estaba súper perdida traté de revisar el mapa lo menos posible para poder avanzar y no perderme más. Lo otro que me preocupaba era encontrar un punto de Wifi para decirle a P. donde estaba para que nos pudiéramos juntar. Ya eran como las 19.30 hrs.

Finalmente pude ubicarme, pero Forbidden Planet había cerrado recién (ya eran las 20.02 hrs) y no pude comprar la polera. ¡Tenía tanta rabia! Pero bueno, eso me pasó por desorientada y también por avara, porque podría hacer tomado metro y llegar en poco tiempo. Pero no, yo quería caminar y vivir la ciudad. 

Lo bueno es que P. me dijo que estaba en un pub en Covent Garden con su amiga tomando cerveza. Me envió la ubicación y calculamos que podría estar en el lugar en unos 10 minutos caminando. El problema fue que me quedaba como un 5% de batería y debía ver el mapa sí o sí, porque Covent Garden tiene muchas calles laberínticas perfectas para que una persona como yo se perdiera, ¡y obvio que me perdí otra vez! El celular se apagó, yo no recordaba cómo se llamaba el pub y simplemente no tenía cómo llegar. Entré a la tienda de Charlotte Tilbury y pregunté si de casualidad tendrían un cargador para mi celular Sony, pero me fue mal porque sólo tenían para Iphone ilusa. La historia se repitió en los otros dos pubs donde pregunté, así que simplemente me rendí y decidí volver al hotel. P. ya sabía que me podía quedar sin celular en cualquier momento, así que tenía la esperanza a que atinara a pensar que si yo no llegaba, era porque me había perdido, no podía ver la ubicación del pub y estaba ultra desconectada.

Yo estaba justo en la estación Covent Garden, así que tomé el metro ahí. Claro que tomé el equivocado, me tuve que devolver y por fin tomar el que me dejaba en Edgware Road, que quedaba a 2 minutos del hotel. Corrí como si fuera el fin del mundo y llegué sin aliento al hotel, donde me di cuenta que P. no había regresado aún y era quien tenía la llave de la habitación. Hablé con la recepcionista y ella me abrió la puerta.¡Qué alivio! Enchufé mi celular y avisé a P. que ya había llegado.

P. llegó como a los 20 minutos, nos abrazamos y mientras nos calmábamos me decía que ella estaba muy preocupada porque pensaba “¿Y qué pasa si llego al hotel y la Bea no está?” Tragedia griega, sin duda. Ella terminó cerrando el pub y supuso que si yo no había llegado era porque no tenía batería y probablemente estaba perdida. Mi amiga me conoce.

Finalmente, me dio un ataque de risa, una especie de catarsis luego de todo lo que viví durante el día en el que pude decir con orgullo que perderse en Londres fue una aventura de esas que jamás voy a olvidar.

Por cierto, al día siguiente regresé a Forbidden Planet y pude comprar la polera que tanto quería. La amo y ya quiero usarla.

A pesar de la desesperación que tuve por tener mi celular al límite y no llegar al pub donde nos encontraríamos, nunca sentí miedo en la ciudad. Menos al momento de comunicarme, fue algo que disfruté muchísimo, pero distinto hubiese sido perderse en Berlín, donde lamentablemente no todos hablan inglés, pero tratan de ayudar igual, ya sea con un inglés a medias o con gestos <3

Moraleja: salir con el cargador de celular o una batería externa siempre, sobre todo si usaré el teléfono para sacar fotos y grabar videos. ¡No lo olvides, Beatriz!

Tags : Covent GardeneuropaForbidden PlanetLondresvacacionesviajeWinston Churchill
Cabellos y Hierbas

The author Cabellos y Hierbas

Soy Beatriz, directora del blog y profesora de inglés trabajando en Social Media. Hace cinco años creé este sitio porque me gusta entregar tips sobre el cuidado capilar, belleza y otras cosas que me gustan. Soy fanática de las películas, la fotografía, series, música y la buena mesa.

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